jueves, 20 de marzo de 2014

Experiencias en asesoramiento psicopedagógico

En este punto nos basaremos en la lectura de (Mollá & Ojanguren, 2005) la cual nos menciona que: 

Inicialmente la presencia del psicólogo en la escuela se pensó como un recurso para responder a la necesidad de atender casos de alumnos individuales y se realizó con una aplicación directa del modelo clínico-asistencial. Se ha tratado de hacer una reelaboración del papel de este profesional que han pasado de ser un experto ajeno a la institución a ser un colaborador con el centro docente y sus equipos.La finalidad del asesor debe ser la de asesorar el proceso que realizan los diferentes equipos del centro educativo en torno a los diversos contenidos psicopedagógicos más que  la elaboración de documentos o productos de calidad que no son asumidos por la institución ya que éstos promueven el cambio y el desarrollo.

La demanda que la institución formula a los asesores es la mejora cualitativa y la búsqueda de estrategias para afrontar situaciones de conflicto o de dificultades en los procesos de enseñanza-aprendizaje. La relación simétrica con los diferentes miembros de la comunidad educativa y del entorno permite un análisis y reflexión conjunta y una corresponsabilidad en el diseño de la intervención y promueve una optimización continua del centro y sus procesos. Algunas instituciones educativas han contratado psicólogos, pedagogos y psicopedagogos como promotores del cambio pero no les han dotado de instrumentos organizativos para hacer operativo tal cambio planteando al profesional un sinfín de situaciones paradójicas que le llevan a un sentimiento de soledad y rechazo como consecuencia de un trabajo descontextualizado. Un ejemplo es la demanda de intervención sobre un alumno problema en la que el asesor sólo se le permite planificar una intervención directa, correctiva y restringida sobre el alumno lo cual impide una intervención mediada por los docentes, preventiva y ampliada a toda la escuela.



El asesor no encuentra un lugar en el organigrama y acaba siendo un personaje extraño e intruso sujeto exclusivamente a las demandas y expectativas de los diferentes actores con una imposibilidad de desarrollar un rol claro de planificar una intervención global, coherente y sistemática que ayuda al desarrollo institucional.

Otra situación sería que el asesor que por tener horas libres y determinados conocimientos psicopedagógicos se delega la elaboración de planes y proyectos como respuesta a necesidades observadas en calidad de experto en contenidos psicopedagógicos. Para enfrentarse a estos problemas y para que el asesor psicopedagógico se pueda ir defiendo como un colaborador institucional se deben cumplir dos condiciones: la primera sería la necesaria conexión entre la finalidad del asesor y la finalidad institucional ambos actores comparten la necesidad de promover el desarrollo de la escuela, en este sentido la innovación se convierte en en uno de los ejes claves de la asesoría institucional. La segunda condición surge como una consecuencia lógica de la anterior, las finalidades deben de ser compartidas por los diferentes miembros unipersonales o colectivos de la comunidad educativa.



Una finalidad institucional sitúa por tanto la labor asesora en el vértice de los procesos de innovación y cambio en el centro, tanto desde el punto de vista micro como macro, esto es en las intervenciones para dar respuesta a las necesidades educativas de un alumno concreto, como en el diseño del plan tutorial o en los procesos de evaluación de centro. El asesor  necesita capacitar a si mismo con una destreza estratégica que le permitan responder en situaciones de tensión y conflicto y en escenarios complejos en los que inciden multitud de factores personales y organizativos. Además requiere considerarse a si mismo como agente facilitador o acompañante del cambio y la innovación educativa en el centro y que ayuda a que una institución de enseñanza se vaya transformando en una organización que aprende.
El asesor debe ayudar por su formación específica a garantizar que el desarrollo de estas funciones esté en sintonía con las teorías actuales en psicología y pedagogía, su labor es contribuir a la calidad educativa de la escuela, compartiendo con el resto de miembros de la comunidad educativa las funciones para promover los objetivos planteados.

Mollá, N., & Ojanguren, M. T. (2005). El asesoramiento a equipos directivos en instituciones educativas. En C. Monereo, & J. I. Pozo, La práctica del asesoramiento educativo a examen (págs. 182-202). Barcelona: Grao.

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